jueves, 31 de marzo de 2016

El joven Serrat a pie



Terminaba de llover plomo sobre la vieja Europa. Escampaba la ceniza nuclear, tras la tormenta, sobre las islas del sol naciente. Llovía, no había dejado de llover, en silencio, sobre las ruinas españolas, sobre una España que moría y otra España que bostezaba; y un niño de dos años, agarrado a los visillos, desde un balcón veía llover sobre su calle.

¿Qué veía pasar, ese crío, por aquella calle oscura y estrecha de 1945, de 1946? “Apenas había coches –contaba Margarita Rivière–, el basurero tocaba una trompeta, el trapero recogía las sobras de la sobras de las sobras, y al anochecer el farolero pasaba, con un largo palo incandescente, a encender el gas de las mortecinas luces nocturnas. Los borrachos, los artistas y los extravagantes que circulaban fuera de horas resultaban sospechosos”. Más de una vez vería pasar, ese niño, a algún alma errante y sombría, “sospechosa” en aquel entorno y sin embargo remotamente familiar, preguntándose conmovido, quizás, adónde iría ese solitario, a pie. Adónde iría aquel hombre a deshoras, tan fuera de su casa, tan lejos. 

Joan Manuel Serrat es ese joven forajido cuyo rostro no vemos de la calle del Poeta Cabanyes, en un anochecer azul de invierno; Joan Manuel Serrat es también el niño que mira desde el balcón, atónito, el reflejo seguro de una profecía...


lunes, 21 de marzo de 2016

10 recomendaciones de poesía para sobrevivir a la primavera



César Vallejo, Alejandra Pizarnik, Blanca Andreu, Fernando Pessoa, Charles Bukowski, Ángela Figuera, Rainer M. Rilke, Olga Orozco, Anne Sexton y Félix Grande: diez universos homenajeados en Llanuras.es con motivo de este día mundial de la poesía.


jueves, 17 de marzo de 2016

Amy Winehouse: las lágrimas se secan solas



La Fortuna nos guarde del verdadero fracaso, así como de lo que muchos entienden por éxito.

Hay éxitos y éxitos (y éxitos). En lo que se refiere al éxito monstruoso que la maquinaria del entretenimiento masivo necesita para alimentar a la bestia, sale a veces como número ganador en la tómbola alguien que conjuga de manera milagrosa el tirón comercial con un talento aún más demoledor; ése que seguirá “helado en varios tomos” [Miguel Hernández] mucho después de haberse ido. Una moneda de dos preciosas caras con la que multiplicar el botín una y otra vez, una y otra vez en la tragaperras (y la monedita no se resentirá, ¿verdad, chica del millón de dólares?...).


sábado, 5 de marzo de 2016

Los Panero, la muerte del padre, la vieja del visillo



Porque siempre ha habido clases, también existe una aristocracia de la destrucción.

La proba clase media española, y las otras, asistieron a tal revelación hace ahora exactamente 40 años, al descubrir en el cine, y después en televisión (lástima de una cámara registrando ese momento en los hogares…), a una señora bien, de aparentes ley y orden, ajada pero todavía hermosa, que hablaba como desmayándose sobre un diván del XIX, diciendo haber leído Madame Bovary mientras “caían las balas a su alrededor” en el verano en guerra de “la provincia”; a un joven airado y “muy mono”, según él mismo, llamando a su familia “la sordidez más puñetera que he visto en mi vida”; a un señor con acento mexicano intermitente y absurdo encantado de que le confundieran con “el gigoló de su madre” –la del diván–; a otro personaje insondable, tristísimo y genial, explicando que el lenguaje no existe, que él se autodestruye “para saber que es él y no todos ellos”, y que sus únicos amores de juventud fueron las mamadas de “dos subnormales” en un manicomio “a cambio de un paquete de tabaco” (…lástima de un En tu casa o en la mía, eh, Bertín…)...


martes, 1 de marzo de 2016

Alucinaciones (XII)


“Ven a mí con tu cantar de loco, con tu mirar de legiones rotas, glorioso enfermo, guerrero sombrío encarcelado en los ojos del águila. Ven a mí con tus manos desnudas y dime quién te traicionó; por qué duele tu costado malva, a quién debías el honor de un muerto. Ven a mí en tu corazón de harapos y déjame herirte: ungir mis ojos como cántaros para sembrar en tu pecho otro crepúsculo. Ven a mí en tu ruina, en mi pasillo, en mi perfil coronado de pecho; y en el vientre arrodillado de un lago oscuro ven, arrodíllate de tu animal, humíllate al abismo para que entiendas al fin mi sombra y pueda libertar la luz”