martes, 25 de abril de 2017

La canción de cuna de José Hierro



En la derrota hay silencio, cristales rotos, telas rotas, y vergüenza. En la derrota hay silencio de relojes rotos, muy parados, rachas de viento que no cesan –no van a callarse en toda la noche–, y vergüenza: ciertas ganas niñas, cabizbajas, de pedir perdón. No por haber perdido, sino por haber contribuido a ahondar esa brecha indigna –el verdadero crimen– que enaltece o rebaja a los hombres, separándolos.

(Porque, a pesar de todo,

“aquel que anduvo por los campos
solitario, pisando odios,
era un hombre de carne y hueso
como nosotros”.)

martes, 18 de abril de 2017

Abril, la luna, el laberinto (Alucinación XVIIII)




Poblando el lugar de mi dolor; iluminando por dentro el río; cauterizando sombras
con cimbrear de vela roja entre lo oscuro,


¿qué venías a sanar,
hija pródiga de esta tierra?
¿qué querías devolverme?


un trono de mimbre para un niño;
un niño de mimbre y ojos llenos
asomado a las calles de la luna

(el niño-títere de un sueño que es un llanto que fue un crimen en su silla temblando al final del pasillo)


por los patios de la luna llevabas al niño
y el hombre que quedó velando

por el laberinto fosfórico del agua
la luna iba preñando otro fulgor


(¿qué venías a salvar,
cimbrear de vela rubia entre lo oscuro?
¿cuántas antorchas fuiste?)


una invistió al mirar al caballero

otra durmió al costado de un cuchillo

otra fundó abril sobre una ruina,
            consumió despacio las puertas de poniente;
bebió despacio, con los ojos, el sol monarca de poniente


y encendió el teatro de la luna más antigua.