miércoles, 2 de octubre de 2019

La flor y la señal


Eres una ciudad
o una época

Eres la luz de cada tarde
y el crepitar del sol en el papel
con el árbol anciano
que se mece en la siesta. Eres la fuente de la siesta
que no visita nadie, sólo el nómada,
y el nómada que busca tu camino.
Eres la llave y el recuerdo,
el cáliz roto y la promesa.
Eres la vela y su costumbre
de confidencia íntima en la noche.

Eres un eco o un vislumbre
en el rito cegado del vivir

la bandada de niños
perdiéndose al crepúsculo,
el llanto del destierro
del árabe vencido,
la alucinación argentina en la tronera
y la visión de la Península
y la lumbre,
y el adiós

Perfume de mujer allá en el monte
y sábana tendida de arrabal;
el sol de mayo y el mercado,
el grito, el fragor, la voz del Sur

La flor en el pelo y la fiesta,
el espíritu verde y la señal.
La novia que espera en la calle
y la campana enorme al mediodía.


[A., VI '15]



domingo, 28 de julio de 2019

*



Puedo ofrecerte una lágrima: esta lágrima. No es mucho, pero si quieres puedes ponértela, usarla como pendiente o bestia de cristal, y cantarle en el crepúsculo hasta que duerma. 

Puedo darte mis harapos, los jirones de luz y sombra que me quedan; no podrás vestirlos, pero sí prenderlos en la hoguera: quizás su fuego azul invoque a alguien en el bosque. 

Puedo ofrecerte mi sombra, más cansada ya de mí, no de esta vida; y mi tristeza, que aún ríe cuando llora. 

Puedo ofrecerte las brasas hambrientas, no vencidas, de mi corazón a pie. 

Puedo ofrecerte mi fe: la que a pesar de tanto como ya perdió, 
aún va a tientas, en la penumbra del pasillo,
como un niño ciego,
anhelándote 


[R. M. Ashram, Tirv., India; 31/VII/'18]

domingo, 30 de junio de 2019

De tu mano


De tu mano: volviendo ahora al camino
de las migas de pan que yo perdí,
que no olvidé jamás; que no comí
nunca por recordar siempre el camino

del hambre que llevaba siempre a ti.
De tu mano regreso ahora al camino
y entiendo que el recuerdo es el destino,
que el futuro también regresa a ti.

Sé que el Tiempo es un surco de adivino
que traza en su espiral lo que viví,
partiendo desde el centro del destino.

De tu mano, una voz oigo decir:
“Recordad el camino, el camino.
Recordad el camino por venir”.



domingo, 24 de marzo de 2019

(sucedió)




De la vida que no viví contigo,
recuerdo tu llegada: esperarte
en la plaza del secreto, vislumbrarte;
verte llegar temblando hasta mi abrigo. 

Recuerdo el cimbrear de tu cintura,
tu escándalo, tu cántaro de trigo;
cómo dabas tu pan a este mendigo
con sólo contemplar tu levadura. 

Recuerdo tu callar ahí en la piedra,
quemándose tu llanto en la ternura,
la tarde en la que el dios nos separó. 

El crepitar de luto de tu hiedra
al decir: "Pudo no pasarnos nunca. 

Al menos todo esto sucedió".


[VIII/III] 

miércoles, 13 de febrero de 2019

El espejo; el espejismo




No quiero mirar más el espejismo
que llama al otro lado del deseo.
No quiero seguir siendo ya este reo
velando en una cárcel el abismo.

No quiero velar más el mausoleo;
no quiero ver el sueño de mí mismo
buscando en un espejo el espejismo
del agua que no sacia lo que veo.

No quiero ser ya más este mendigo.
No quiero más del cáliz de la muerte.
No quiero ser ya esclavo de tu anhelo.

No quiero ser ya más ese testigo
que sólo esperará volver a verte.

(Te espero en el altar detrás del velo)


[T. M., IX/II]

jueves, 31 de enero de 2019

Alucinación -¿última?-




En la habitación a oscuras,
los niños muertos de miedo: en la habitación que es un pasillo que es el laberinto
del que cayeron volando y les dejaron solos

entonces lloran, lloran y se abrazan,
la niña y el niño,
de tanto miedo y tanto amor entre lo oscuro


Pasaron nueve mil años


se fueron de allí, del uno al otro, andando andando los dos niños, separándose en lo oscuro


Pasaron diecinueve mil años


entonces clamó el sol
en la campana en punto del colegio
–la vega acababa de nacer–


Se encontraron
Se miraron en la lágrima
Se rindieron el regalo


Habían pasado cien mil años


y andando andando en su pasillo oscuro,
donde debieron separarse,
volvieron a abrazarse:
vuelven a llorar por separarse



Habían pasado veinticinco siglos en la Estrella



“ –¿Sabes dónde está tu casa? 
¿Vas a llevarme de la mano?


[M., 20/I/'19]