domingo, 14 de junio de 2026

Comienza 'El Sueño del Trovador'

 



 "Yo quería hilvanar,
en un mismo telar de cuento,
las infinitas posibilidades

de la metáfora y el símbolo,
el conocimiento ancestral y la historia de la cultura,
para iluminar el camino compartido con todos.
Una cosmovisión,

madurada durante años de autodescubrimiento
junto a viejos maestros como la poesía y el Yoga,
la espiritualidad y el arquetipo,
para una mayor comprensión

de uno mismo y del mundo.
Todo eso aspira a ser este refugio.
Humanismo mágico. Juglaría filosófica.
Mística, épica y poética de lo cotidiano
al servicio de la transformación,
personal y colectiva,
que nos reclama a todos

esta era de derrumbes
-y resurrecciones…
”

***

El Sueño del Trovador es mi nueva propuesta personal, aunando distintas facetas artísticas y profesionales, puestas al servicio de una nueva consciencia colectiva (veinte años después del inicio de este blog, y tras un tiempo largo colgando bocabajo en algún lugar del bosque).

Os invito a explorar la web y todo lo que en ella ofrezco, así como a seguir los pasos del Trovador en Instagram y Facebook, y a escuchar sus desvaríos en los canales de Youtube y Spotify.

Sed todos bienvenidos -mis semejantes, hermanos, audaces y herejes de esta era-. En la alegría y la gratitud de que forméis parte de este viaje.

Gracias por estar ahí.



domingo, 17 de mayo de 2020

El lago




En qué lugar me habrías esperado.
Cómo habría sido aquello.

Por qué callejas nos hubiéramos perdido,
uniéndonos en silencio al caminar.

En los faroles de ese sueño
duermen los demonios que encienden la fe,
y murmuran ancianas en los postigos
que todo será cumplido, “algún día”.

(Luego fuimos a mirarnos mucho tiempo
en los balcones de la luna,
y tu bahía lo anegó todo)


[abril]

domingo, 26 de abril de 2020

El bosque y el castillo (canción)


Qué es lo que acaba.
Qué es lo que empieza.
Quién es que te acaba;
quién es que me empieza


               Quién es el que cava,
                 quién es el que reza;
                  por la muerte que acaba,
                   por la muerte que empieza


La aurora que acaba, 
qué es lo que empieza;
la luna que cava,
qué es lo que reza


Quién es el que acaba;
    quién es el que empieza.
            Tu diosa se apaga;
               mi llama se quiebra


                                                                                                              Qué aurora te cava;
                                                                                                           qué luna te reza.
                                                                                                       Tu diosa se apaga;
                                                                                                    mi llama comienza


De 'Dixit'

[C. A., diciembre '19]

martes, 3 de marzo de 2020

-Marzo-




Marzo no supo nunca a qué jugar
allí solo, en la plaza tan vacía.
No vino nadie: acaba de llegar.
Y no llegará nadie todavía

¿Pero quién, quién habría de llegar?
Llegó solo: llegó cuando debía.
Pero sabe que no hay con quién jugar.
(No puede llorar: él ya lo sabía)

Regresó, sin embargo; a pesar
de conocer tan bien la profecía
de la plaza del Tiempo y su girar

Descuido del invierno, lumbre fría
de abril: quién sabe quién puede llegar

Piensa: quién sabe si hoy será Tu día


[de Sonetos del Sol; '19]

miércoles, 2 de octubre de 2019

La flor y la señal


Eres una ciudad
o una época

Eres la luz de cada tarde
y el crepitar del sol en el papel
con el árbol anciano
que se mece en la siesta. Eres la fuente de la siesta
que no visita nadie, sólo el nómada,
y el nómada que busca tu camino.
Eres la llave y el recuerdo,
el cáliz roto y la promesa.
Eres la vela y su costumbre
de confidencia íntima en la noche.

Eres un eco o un vislumbre
en el rito cegado del vivir

la bandada de niños
perdiéndose al crepúsculo,
el llanto del destierro
del árabe vencido,
la alucinación argentina en la tronera
y la visión de la Península
y la lumbre,
y el adiós

Perfume de mujer allá en el monte
y sábana tendida de arrabal;
el sol de mayo y el mercado,
el grito, el fragor, la voz del Sur

La flor en el pelo y la fiesta,
el espíritu verde y la señal.
La novia que espera en la calle
y la campana enorme al mediodía.


[A., VI '15]



domingo, 28 de julio de 2019

*



Puedo ofrecerte una lágrima: esta lágrima. No es mucho, pero si quieres puedes ponértela, usarla como pendiente o bestia de cristal, y cantarle en el crepúsculo hasta que duerma. 

Puedo darte mis harapos, los jirones de luz y sombra que me quedan; no podrás vestirlos, pero sí prenderlos en la hoguera: quizás su fuego azul invoque a alguien en el bosque. 

Puedo ofrecerte mi sombra, más cansada ya de mí, no de esta vida; y mi tristeza, que aún ríe cuando llora. 

Puedo ofrecerte las brasas hambrientas, no vencidas, de mi corazón a pie. 

Puedo ofrecerte mi fe: la que, a pesar de tanto como ya perdió, 
aún va a tientas, en la penumbra del pasillo,
como un niño ciego,
anhelándote 


[R. M. Ashram, Tirv., India; 31/VII/'18]

domingo, 30 de junio de 2019

De tu mano


De tu mano: volviendo ahora al camino
de las migas de pan que yo perdí,
que no olvidé jamás; que no comí
nunca por recordar siempre el camino

del hambre que llevaba siempre a ti.
De tu mano regreso ahora al camino
y entiendo que el recuerdo es el destino,
que el futuro también regresa a ti.

Sé que el Tiempo es un surco de adivino
que traza en su espiral lo que viví,
partiendo desde el centro del destino.

De tu mano, una voz oigo decir:
“Recordad el camino, el camino.
Recordad el camino por venir”.



domingo, 24 de marzo de 2019

(sucedió)




De la vida que no viví contigo,
recuerdo tu llegada: esperarte
en la plaza del secreto, vislumbrarte;
verte llegar temblando hasta mi abrigo. 

Recuerdo el cimbrear de tu cintura,
tu escándalo, tu cántaro de trigo;
cómo dabas tu pan a este mendigo
con sólo contemplar tu levadura. 

Recuerdo tu callar ahí en la piedra,
quemándose tu llanto en la ternura,
la tarde en la que el dios nos separó. 

El crepitar de luto de tu hiedra
al decir: "Pudo no pasarnos nunca. 

Al menos todo esto sucedió".


[VIII/III] 

miércoles, 13 de febrero de 2019

El espejo; el espejismo




No quiero mirar más el espejismo
que llama al otro lado del deseo.
No quiero seguir siendo ya este reo
velando en una cárcel el abismo.

No quiero velar más el mausoleo;
no quiero ver el sueño de mí mismo
buscando en un espejo el espejismo
del agua que no sacia lo que veo.

No quiero ser ya más este mendigo.
No quiero más del cáliz de la muerte.
No quiero ser ya esclavo de tu anhelo.

No quiero ser ya más ese testigo
que sólo esperará volver a verte.

(Te espero en el altar detrás del velo)


[T. M., IX/II]

jueves, 31 de enero de 2019

Alucinación -¿última?-




En la habitación a oscuras,
los niños muertos de miedo: en la habitación que es un pasillo que es el laberinto
del que cayeron volando y les dejaron solos

entonces lloran, lloran y se abrazan,
la niña y el niño,
de tanto miedo y tanto amor entre lo oscuro


Pasaron nueve mil años


se fueron de allí, del uno al otro, andando andando los dos niños, separándose en lo oscuro


Pasaron diecinueve mil años


entonces clamó el sol
en la campana en punto del colegio
–la vega acababa de nacer–


Se encontraron
Se miraron en la lágrima
Se rindieron el regalo


Habían pasado cien mil años


y andando andando en su pasillo oscuro,
donde debieron separarse,
volvieron a abrazarse:
vuelven a llorar por separarse



Habían pasado veinticinco siglos en la Estrella



“ –¿Sabes dónde está tu casa? 
–¿Vas a llevarme de la mano?”


[M., 20/I/'19]


martes, 1 de enero de 2019

Aquí lejos




En la luna habrá fiesta hoy desde el crepúsculo:
se preparan antorchas y máscaras y niños;
hermosas madres con candil les llevarán al laberinto,
espantarán al monstruo que vive en la espesura
y luego le invitarán también, le dirán que no se asuste;
jugarán con el viento y las hespérides
riendo de candor en las hogueras
que no apagará el alba,
que ahuyentan el terror de lo perdido

Bailaréis allí,
jugaréis ebrias de luz toda la noche,
mis mendigas;
seréis felices ya en la eterna sombra azul
donde nadie puede haceros daño

Desde aquí os veré,
velaré vuestra alegría;
seré siempre el centinela que os proteja
de todo lo que ya no duele

Levantaré la copa
y cantaré toda la noche esta canción
hasta dormiros,
hasta que no quede un demonio ya despierto
en esta noche que os bendice

[I. M., XXIV/VIII/MMXVIII]



lunes, 3 de diciembre de 2018

'Descalzos'


Olvidad las promesas,
olvidad los juramentos.
Olvidad la carrera de cuádrigas
que corre insomne al precipicio.
Olvidad el propósito,
olvidad el traje,
el murmullo de fiebre toda la noche
que roe el corazón de cáncer del que espera

no esperéis nada,
no crujáis,
pues es la urgencia de la máquina sonámbula,
la risa de niebla de la mentira del bufón

recordad el árbol
recordad el águila

Olvidad el blasón de la soledad,
el diamante de heroína de la soledad,
el príncipe de las soledades absolutas

Olvidad el palacio de mármol
que la hiena adula en el desierto

recordad el árbol
recordad el árbol

Olvidad la investidura de humo
que el miedo impuso en cada fila;
olvidad la clase, olvidad el número,
recordad el llanto


Recordad el pájaro que canta
porque así lo sueña el árbol

Recordad el camino Recordad el camino
                                                                                                   Recordad el camino.


[El Albaicín, '13]



miércoles, 10 de octubre de 2018

Sombras de verano: Peter Pan, Neruda, Sor M. Alcoforado, Lorca, Durrell


El secreto de Peter Pan


Puede que siempre sea verano en el país de Nunca Jamás. Pero resulta –niños– que no hay sólo un país de Nunca Jamás, sino tantos como queramos; como queráis. Todos, sin embargo, “tienen una especie de parecido familiar”:

Todos nosotros hemos estado allí, y aunque no desembarcaremos en ellos nunca más, todavía podemos oír el murmullo de las olas al romper sobre la arena. [Sigue leyendo aquí]


Veinte años a la sombra de Neruda


“Encima de mi cabeza el cielo tenía un azul tan violento como jamás he visto otro. Yo escribía en el bote, escondido en la tierra. Creo que no he vuelto a ser tan alto y tan profundo como en aquellos días. Arriba el cielo azul impenetrable. En mis manos el Juan Cristóbal o los versos nacientes de mi poema. Cerca de mí todo lo que existió y siguió existiendo para siempre en mi poesía: el ruido lejano del mar, el grito de los pájaros salvajes, y el amor ardiendo sin consumirse como una zarza inmortal”. [Sigue leyendo]


La monja portuguesa o el fatal hechizo voluntario


Todo enamoramiento es un hechizo: pero un hechizo voluntario; quizás auto-inducido. Podría creerse que, cuando ocurre ese desastre, está uno a merced de fuerzas extrañas que lo zarandean sin piedad ni objeto, sin que pueda controlar nada. Y también. Pero jamás sucedería si no estuviéramos ya orientados a esa brisa, a esa temperatura; esperando que suceda, vislumbrando su sombra por venir. Invocándolo sin saberlo.

A mediados del siglo XVII, en el Monasterio de la Concepción del territorio portugués de Beja, muy cerca de Extremadura y Andalucía, una monja llamada Mariana Alcoforado contempla a las tropas francesas, aliadas de Portugal en su guerra contra la corona española, ejercitar sus ensayos de guerra en la llanura. [Sigue leyendo]


Lorca, el sueño de verano y el balcón del Tamarit


He cerrado mi balcón 
porque no quiero oír el llanto 
pero por detrás de los grises muros 
no se oye otra cosa que el llanto.

En la Huerta de San Vicente, en el paraje del Tamarit, en lo que antes suponía la frontera entre la vega de Granada y la ciudad –en lo que hoy es el parque que lleva el nombre de ese muchacho–, hay un balcón al que regresaba cada verano Federico García Lorca. [Sigue leyendo]


El eterno laberinto de Alejandría 


¡Ah, la miseria de los puertos y los nombres que evocan cuando no se tiene parte alguna adonde ir! Es como una muerte, la muerte del propio ser cada vez que se repite la palabra ‘Alejandría, Alejandría’.

Hay una Alejandría dentro de cada uno de nosotros; la misión, el mandato, consiste en su búsqueda. Puede ser un lugar físico, puede realmente existir ahí fuera, en cualquier verano de esta vida. Y si la encuentras (deberás recordarlo siempre, mientras dure la aventura) será sólo la proyección del espejismo propio, del anhelo: exactamente como enamorarse. Pero qué no es un espejismo en este mundo. [Sigue leyendo]


lunes, 1 de octubre de 2018

...-II-




en las calles del otoño primero,
el frío primero y su presagio de miedo en la ventana,
hacia las calles desvanecidas que cierran los postigos,
desertando el verano como un ladrón por las esquinas
que hubiera robado a los niños,
en el anochecer como un lamento quieto
de fulgor de cripta cerniéndose al balcón,
                 de algo que ya no será posible


(mientras reza por nosotros la vela compasiva
que aún protege todo)


domingo, 23 de septiembre de 2018

Alucinación (XXII)


(un cortejo
en el que yo fuera el féretro
y vosotras la bandada

en el que yo fuera el pájaro
y vosotras el crepúsculo


una ceremonia dulce en la que
me enterrarais
en el país del olvido)


[C. M., 8 'VII]



jueves, 13 de septiembre de 2018

...




Por ti
canta en el camino la que implora,
la viuda del viento,
la que vela el horizonte


pidiendo por ti,
rogando por nosotros

un milagro
que regrese



sábado, 23 de junio de 2018

Sortilegio de San Juan (Alucinación - XIII)


Quién eres, preguntaba, quién eres, hija del fuego que emergió en lo oscuro, en la hoguera verde de una danza. Quién eres en el rito pintado de panteras; por qué tu sombra ardiendo; de dónde tu mirar de profecía. Te he estado buscando y ahora quiero saberte, y que siga tu muerte bailando en torno a mí como la noche de este bosque en que me atas. Te he estado acechando y ahora tu bestia me rodea, trenzándome en el ojo verde de una máscara. 
En la danza de una llama que responde

Si nos debemos encontrar nos encontraremos

enroscándose y muriendo 
en el frío vencido del puñal



jueves, 17 de mayo de 2018

Obras y sombras (N. Cave, Letizia Ortiz, Thoreau)


Henry D. Thoreau. Los bosques van por dentro



Heredamos una cárcel; habitamos una cárcel. Pero antes de que nos demos cuenta ya hemos mamado las costumbres que nos harán fieles a su hormigón, las leyes que justifican los barrotes, la moral que bendice cada celda y la vocación general de ampliarla (lo llaman “progreso”) hasta donde se pierda la vista: más miedo, más ruido, más territorio para construir más cárcel. Y un besito feliz a los grilletes, cada noche, antes de irnos a dormir. [Sigue leyendo]


Letizia Ortiz: locutora del silencio



Posee un atractivo diabólico el escribir sobre cierta gente. Esa fascinación que da el saber de antemano que no llegaremos a ninguna parte. Pero –fascinación mayor–, si llegásemos, tampoco lo sabríamos nunca. Como tratar de descifrar una esfinge: imposible traducir su silencio, su belleza derruida; imposible también apartar la vista del secreto que no conoceremos nunca, y que sabemos se oculta detrás. (Pero, si lo conociéramos, ¿qué podríamos contar realmente?) [Sigue leyendo]


Nick Cave o sobrevivir a uno mismo



Con su traje negro, negro y blanco; con su melena negrísima, su piel pálida, y un perfil de cuervo al que acabaran de dejar viudo y no pudiera creerlo todavía, al músico y escritor australiano Nick Cave (1957) le han emergido dos velas de luto en los ojos. Una para la alerta; otra para el espanto. [Sigue leyendo]