jueves, 10 de febrero de 2011

Poética

Ahora que se agolpan en mi cama
todos los errores de mi vida

, puede pensar uno, cualquier noche, cualquier madrugada cruel de no poder dormir. Y es cierto, así es: hay noches así. Puede suceder en cualquier momento del día, pero es ahí, en la rueca sombría de esas horas, cuando suelen volver para asediarte esos fantasmas. Todos juntos, haciendo guardia, formando cola. Un ejército de remordimientos que te miran siniestros, uno a uno, en cada esquina de los ojos cerrados

Y te hablan, te interrogan; te devuelven una vergüenza irreparable y te aseguran que fuiste

peor que todos,
peor que tú,
de alguna forma incomprensible
peor que nadie sin dudarlo

Intentas dar razón a lo que no tiene ya remedio; intentas confesar a alguien (a quién) que no fue tu intención, que algo salió mal, que no estuviste alerta; que querías sólo (como siempre) un abrigo, una limosna, un pedazo de pan. Pero no te dejan: alguien te regresa. Da cuerda alguien

hacia atrás, y no me escucha,
y no me dejan explicarme,
pedir perdón, arrodillarme o sonreír

Siente uno ganas de pedir auxilio. Despertar a quien ya duerme, agarrar el teléfono, entregarse, algo, algo. Pero sabes que es inútil; que nadie tiene ese conjuro, y que además ni siquiera puedes decir nada, porque no hay nada que decir

Y sigue la rueca, siguen los círculos. Vienen de todas partes juguetes rotos, deudas muy viejas, portazos. Vuelven los que no se fueron nunca. Y quieres, quisieras sentarte a conversar con los que te hicieron daño; decirles que no, que no hay tiempo, no lo veis? Aquí no hay tiempo para eso. Ponerles una copa de sol y que sonrían. Quisieras llamar a los que hiciste daño tú, llamar a tu víctima, llamar a su asesino: que vengan, los dos, a llorar contigo

Pero no hay forma, no hay remedio

Y entonces haces lo único que puede salvarte: incorporarte, encender una luz, humillarte de bruces contra el papel. Escribir, como una ofrenda, una plegaria o una carta para nadie, que

ahora que vienen a juzgarme
todos los errores de mi vida,
y sé que no hay remedio,
y que a nadie importa ya,
                                         yo,
honestamente, quiero decir
que hice lo que pude


Todo lo bueno
que uno malamente pudo.


1 comentario:

Yanet Webber dijo...

espectacular lo que escribís. Me encanto.