domingo, 24 de marzo de 2019

(sucedió)




De la vida que no viví contigo,
recuerdo tu llegada: esperarte
en la plaza del secreto, vislumbrarte;
verte llegar temblando hasta mi abrigo. 

Recuerdo el cimbrear de tu cintura,
tu escándalo, tu cántaro de trigo;
cómo dabas tu pan a este mendigo
con sólo contemplar tu levadura. 

Recuerdo tu callar ahí en la piedra,
quemándose tu llanto en la ternura,
la tarde en la que el dios nos separó. 

El crepitar de luto de tu hiedra
al decir: "Pudo no pasarnos nunca. 

Al menos todo esto sucedió".


[VIII/III] 

miércoles, 13 de febrero de 2019

El espejo; el espejismo




No quiero mirar más el espejismo
que llama al otro lado del deseo.
No quiero seguir siendo ya este reo
velando en una cárcel el abismo.

No quiero velar más el mausoleo;
no quiero ver el sueño de mí mismo
buscando en un espejo el espejismo
del agua que no sacia lo que veo.

No quiero ser ya más este mendigo.
No quiero más del cáliz de la muerte.
No quiero ser ya esclavo de tu anhelo.

No quiero ser ya más ese testigo
que sólo esperará volver a verte.

(Te espero en el altar detrás del velo)


[T. M., IX/II]

jueves, 31 de enero de 2019

Alucinación -¿última?-




En la habitación a oscuras,
los niños muertos de miedo: en la habitación que es un pasillo que es el laberinto
del que cayeron volando y les dejaron solos

entonces lloran, lloran y se abrazan,
la niña y el niño,
de tanto miedo y tanto amor entre lo oscuro


Pasaron nueve mil años


se fueron de allí, del uno al otro, andando andando los dos niños, separándose en lo oscuro


Pasaron diecinueve mil años


entonces clamó el sol
en la campana en punto del colegio
–la vega acababa de nacer–


Se encontraron
Se miraron en la lágrima
Se rindieron el regalo


Habían pasado cien mil años


y andando andando en su pasillo oscuro,
donde debieron separarse,
volvieron a abrazarse:
vuelven a llorar por separarse



Habían pasado veinticinco siglos en la Estrella



“ –¿Sabes dónde está tu casa? 
¿Vas a llevarme de la mano?


[M., 20/I/'19]


martes, 1 de enero de 2019

Aquí lejos




En la luna habrá fiesta hoy desde el crepúsculo:
se preparan antorchas y máscaras y niños;
hermosas madres con candil les llevarán al laberinto,
espantarán al monstruo que vive en la espesura
y luego le invitarán también, le dirán que no se asuste;
jugarán con el viento y las hespérides
riendo de candor en las hogueras
que no apagará el alba,
que ahuyentan el terror de lo perdido

Bailaréis allí,
jugaréis ebrias de luz toda la noche,
mis mendigas;
seréis felices ya en la eterna sombra azul
donde nadie puede haceros daño

Desde aquí os veré,
velaré vuestra alegría;
seré siempre el centinela que os proteja
de todo lo que ya no duele

Levantaré la copa
y cantaré toda la noche esta canción
hasta dormiros,
hasta que no quede un demonio ya despierto
en esta noche que os bendice

[I. M., XXIV/VIII/MMXVIII]



lunes, 3 de diciembre de 2018

'Descalzos'


Olvidad las promesas,
olvidad los juramentos.
Olvidad la carrera de cuádrigas
que corre insomne al precipicio.
Olvidad el propósito,
olvidad el traje,
el murmullo de fiebre toda la noche
que roe el corazón de cáncer del que espera

no esperéis nada,
no crujáis,
pues es la urgencia de la máquina sonámbula,
la risa de niebla de la mentira del bufón

recordad el árbol
recordad el águila

Olvidad el blasón de la soledad,
el diamante de heroína de la soledad,
el príncipe de las soledades absolutas

Olvidad el palacio de mármol
que la hiena adula en el desierto

recordad el árbol
recordad el árbol

Olvidad la investidura de humo
que el miedo impuso en cada fila;
olvidad la clase, olvidad el número,
recordad el llanto


Recordad el pájaro que canta
porque así lo sueña el árbol

Recordad el camino Recordad el camino
                                                                                                   Recordad el camino.


[El Albaicín, '13]



miércoles, 10 de octubre de 2018

Sombras de verano: Peter Pan, Neruda, Sor M. Alcoforado, Lorca, Durrell


El secreto de Peter Pan


Puede que siempre sea verano en el país de Nunca Jamás. Pero resulta –niños– que no hay sólo un país de Nunca Jamás, sino tantos como queramos; como queráis. Todos, sin embargo, “tienen una especie de parecido familiar”:

Todos nosotros hemos estado allí, y aunque no desembarcaremos en ellos nunca más, todavía podemos oír el murmullo de las olas al romper sobre la arena. [Sigue leyendo aquí]


Veinte años a la sombra de Neruda


“Encima de mi cabeza el cielo tenía un azul tan violento como jamás he visto otro. Yo escribía en el bote, escondido en la tierra. Creo que no he vuelto a ser tan alto y tan profundo como en aquellos días. Arriba el cielo azul impenetrable. En mis manos el Juan Cristóbal o los versos nacientes de mi poema. Cerca de mí todo lo que existió y siguió existiendo para siempre en mi poesía: el ruido lejano del mar, el grito de los pájaros salvajes, y el amor ardiendo sin consumirse como una zarza inmortal”. [Sigue leyendo]


La monja portuguesa o el fatal hechizo voluntario


Todo enamoramiento es un hechizo: pero un hechizo voluntario; quizás auto-inducido. Podría creerse que, cuando ocurre ese desastre, está uno a merced de fuerzas extrañas que lo zarandean sin piedad ni objeto, sin que pueda controlar nada. Y también. Pero jamás sucedería si no estuviéramos ya orientados a esa brisa, a esa temperatura; esperando que suceda, vislumbrando su sombra por venir. Invocándolo sin saberlo.

A mediados del siglo XVII, en el Monasterio de la Concepción del territorio portugués de Beja, muy cerca de Extremadura y Andalucía, una monja llamada Mariana Alcoforado contempla a las tropas francesas, aliadas de Portugal en su guerra contra la corona española, ejercitar sus ensayos de guerra en la llanura. [Sigue leyendo]


Lorca, el sueño de verano y el balcón del Tamarit


He cerrado mi balcón 
porque no quiero oír el llanto 
pero por detrás de los grises muros 
no se oye otra cosa que el llanto.

En la Huerta de San Vicente, en el paraje del Tamarit, en lo que antes suponía la frontera entre la vega de Granada y la ciudad –en lo que hoy es el parque que lleva el nombre de ese muchacho–, hay un balcón al que regresaba cada verano Federico García Lorca. [Sigue leyendo]


El eterno laberinto de Alejandría 


¡Ah, la miseria de los puertos y los nombres que evocan cuando no se tiene parte alguna adonde ir! Es como una muerte, la muerte del propio ser cada vez que se repite la palabra ‘Alejandría, Alejandría’.

Hay una Alejandría dentro de cada uno de nosotros; la misión, el mandato, consiste en su búsqueda. Puede ser un lugar físico, puede realmente existir ahí fuera, en cualquier verano de esta vida. Y si la encuentras (deberás recordarlo siempre, mientras dure la aventura) será sólo la proyección del espejismo propio, del anhelo: exactamente como enamorarse. Pero qué no es un espejismo en este mundo. [Sigue leyendo]


lunes, 1 de octubre de 2018

...-II-




en las calles del otoño primero,
el frío primero y su presagio de miedo en la ventana,
hacia las calles desvanecidas que cierran los postigos,
desertando el verano como un ladrón por las esquinas
que hubiera robado a los niños,
en el anochecer como un lamento quieto
de fulgor de cripta cerniéndose al balcón,
                 de algo que ya no será posible


(mientras reza por nosotros la vela compasiva
que aún protege todo)


domingo, 23 de septiembre de 2018

Alucinación (XXII)


(un cortejo
en el que yo fuera el féretro
y vosotras la bandada

en el que yo fuera el pájaro
y vosotras el crepúsculo


una ceremonia dulce en la que
me enterrarais
en el país del olvido)


[C. M., 8 'VII]